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La libertad se aprende ejerciéndola

En agradecimiento a todos los "libres" que encontré, y sigo encontrando, en el camino: profesores, amigos, compañeros y a los que la ejercitan cada día a través de su vocación, oficio, actitud, arte. A todos los que han hecho posible que cada cual ocupe su sitio: el amor como acto íntimo, los curas y  los políticos actuando al servicio de los ciudadanos y/o adeptos, y no al contrario.

A fin de cuentas que el amor sea el orden lógico de los actos y sucesos, que los sádicos, arpías, queden identificados y todos sepamos que disfrutan con el mal ajeno, que sólo actúan en su propio beneficio alienando al resto. Que haberlos, haylos.

Porque sin querer tengo la impresión de que nos estamos contaminando, emprendiendo una huida hacia delante en la que todo vale. Y no.

Agradezco que la alegría siga estando presente, en las calles. Que las reuniones de amigos giren en torno en qué podemos hacer para mejorar nuestra pequeña parcela de mundo, a reírnos de nosotros mismos e ingeniar, a sacar de cada uno lo positivo o simplemente estar,  a irte a casa con la sonrisa en la mirada y en los labios, porque esa energía estática que genera en cariño ha hecho que te sientas en plenitud, llena de dicha desde el fin al principio.

 Porque cómo decía aquella canción: "Habrá que creer"





Mi pequeño homenaje a los valientes, por mis abuelos, Teresa y Manuel, que vieron morir en brazos a sus hijos, víctimas de una época en la que ser humano valía menos que una "perra chica". Por mis padres, que nos enseñaron, por puro instinto, que cada día había que aprender a ser libres. Y por mí, ejerciéndola.





Y les dejo con dos actos amor:

Uno.- El más hermoso e íntimo  ¿han visto qué bonito como se aman-cantan juntos?:






Dos.-. El más fuerte, la energía de muchos que cantan unidos ¿qué les voy a decir de eso? Denle al vídeo y bailemos!!




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